Estudios Biblícos

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Los Nombres paganos vs los nombres hebreos

El Pacto Perpetuo

Las Siete Leyes Noájicas

 

LAS DOS CASAS DEL PUEBLO HEBREO

POR: YESHURUM CAMPO MARTINEZ, TALMID DE “COINVI”

LA DIVISION DE LAS CASAS (1 MELAJIM/REYES 12).

Shaúl hamelej (de la tribu de Benyamín), su yerno David hamelej (de la tribu de Yahudá) y Shlomo hamelej (hijo de David)… fueron los primeros tres monarcas de Israel. Cada uno tuvo problemas a la hora de mantener la unidad del pueblo hebreo; muchas veces hubo divisiones, sin embargo los momentos de crisis fueron pasajeros, y los tres lograron reinar sobre las 12 tribus completas. En cambio Rejaveam (Roboam), hijo de Shlomo (de la tribu de Yahudá), ascendió al trono siendo aun muy joven y no siendo tan sabio como su padre. Rejaveam no escuchó los consejos de los ancianos y provocó una división en Israel que hasta hoy no ha sido reparada. Las tribus del sur: Yahudá y Benyamín (Judá y Benjamín) continuaron fieles a Rejaveam; pero las otras diez tribus nombraron como rey a Yaroveam (Jeroboam), descendiente de Efrayim hijo de Yosef (José). Fue así como el pueblo hebreo quedó dividido en dos reinos: Yahudá, el reino del sur, fue gobernado por Rejaveam, de la tribu de Yahudá (Judá); e Israel, el reino del norte, gobernado por Yaroveam, de la tribu de Efrayim. Por eso al reino del norte se le conoce como la casa de Yahudá y al del sur como la casa de Efrayim o casa de Israel (Melajim álef/1 Reyes 12:21; Melajim bet/ 2 Reyes 19:30; Divré-Hayamim bet/2 Crónicas 22:10; Yeshayahu/Isaías 7.17, 48:1; Yirmiyahu/Jeremías 3:18, 5:11, 11.10, 11:17, 13:11, 31:31; Yejezquel/Ezequiel 37:16; Oshea/Oseas 5:12-14, 6:10, 11:12; Yivrim/Hebreos 8:8). Como Yerushalayim (Jerusalén) quedaba en el territorio de Yahudá, los habitantes del sur continuaron adorando a Hashem en el Beit Hamikdash (el templo santo) que había construido Shlomo Hamelej. Pero cuando Yaroveam vio que sus súbditos subían a Yerushalayim, el territorio enemigo, para adorar, decidió construirles sus propios templos y los incitó a adorar becerros de oro. Al ver esto; los sacerdotes y levitas, y mucha gente de todas las otras tribus del norte, emigraron a Yahudá para alejarse de la idolatría y continuar fieles a Hashem; fue así como Yahudá llegó a ser poblado por israelitas de todas las tribus (Divré-Hayamim bet/2 Crónicas 11:12-16).

La caída de shomróm/Samaria (2 melajim/Reyes 17).

Cuando el reino del norte cayó en la idolatría, Hashem les envió muchos profetas para advertirles de las consecuencias que podían venir, entre ellos estuvieron Eliyahu hanaví (el profeta Elías) y su talmid (discípulo) Elishá (Eliseo), pero nunca hubo un arrepentimiento departe del pueblo. Así que después de varias generaciones vino el castigo sobre ellos: los asirios invadieron el territorio del norte, capturaron shomróm (o Samaria, que entonces era la capital de Israel); luego se llevaron cautivos para Media y para Asiria a los israelitas, y repoblaron el lugar con extranjeros, los que luego se conocerían como “samaritanos”. Así que los samaritanos no son israelitas, ni siquiera son mestizos; sino goyim (gentiles) viviendo en Eretz (la tierra de Israel). Los israelitas cautivos en Media y Asiria, se mezclaron con los goyim y se asimilaron totalmente olvidando su procedencia hebrea; desde entonces existen “las tribus perdidas”, “las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Yirmiyahu/Jeremías 50:6; Yejezquel/Ezequiel 34:16; Matityahu/Mateo 10:6 y 15:24).

La caída de Yerushalayim (melajim bet/2 reyes 25).

A los habitantes del reino de Yahudá (Judá) se les llamó “los yahudim”, de ahí viene el término moderno “yehudim” (judíos). En ese entonces los judíos no eran parte de la nación de Israel (a pesar de que sí eran descendientes de Yaakob/Yisrael). Ellos fueron fieles a Hashem durante un tiempo, pero luego se contagiaron de la idolatría de Efrayim y de las costumbres de los goyim (gentiles).

Entonces el Eterno les envió profetas como Yeshayahu y Yirmiyahu (Isaías y Jeremías) para advertirles que si no se arrepentían, les sucederá lo mismo que a la casa de Israel; pero ellos no escucharon las advertencias. Varias generaciones después de la caída de Efrayim, los babilonios invadieron Yahudá, capturaron Yerushalayim (capital de Yahudá) y derribaron el Beit Hamikdash (el templo santo) que Shlomo hamelej había construido para Hashem. Los judíos fueron llevados cautivos a babilonia, pero a diferencia de los otros israelitas, los judíos no se asimilaron, no olvidaron a Hashem ni perdieron su cultura; y en medio de su cautiverio volvieron a la santidad. Fue así como tuvieron lugar historias fascinantes como la de Daniel, Ananías, Misael y Azarías (Daniel 3 y 6) judíos que se prefirieron morir antes que a adorar a los dioses babilónicos, pero vieron la salvación de Hashem y no murieron a manos de sus enemigos.

LA PROMESA DEL REGRESO.

Hashem ya había previsto que esto sucedería, pero también hizo esta promesa: “Sucederá que cuando hayan venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepientes en medio de todas las naciones adonde te haya arrojado Yahweh tu Elohim, y te conviertes a Yahweh tu Elohim, y obedeces a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, entonces Yahweh hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te haya esparcido Yahweh tu Elohim. Aun cuando tus desterrados estén en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá Yahweh tu Elohim, y de allá te tomará; y te hará volver Yahweh tu Elohim a la tierra que heredaron tus padres, y será tuya; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres” (Devarim/Deuteronomio 30:1-5, Melajim álef/1 Reyes 8:33-34, Yeshayahu/Isaías 11:12, 66:20, Yirmiyahu/Jeremías 29:12-14, Yejezquel/Ezequiel 36:24, 37:21). En cumplimiento de esta promesa, y tras un verdadero arrepentimiento, los judíos fueron devueltos a Eretz (nuestra tierra) después de setenta años de cautiverio, y construyeron un segundo Beit Hamikdash (templo santo). En cuanto a los israelitas de la casa de Efrayim, continuaron en las naciones, aparentemente olvidados y sin esperanza durante mucho tiempo; pero la promesa también era para ellos, y Hashem también tenía un plan para rescatarlos.

La misión de YAHSHUAH y sus talmidim.

A muchos se nos ha enseñado que el Mesías vino a rescatar a toda la humanidad, pero eso no es del todo cierto. Es verdad que cualquiera que quiera obedecer a Elohim –sea goy (gentil) o israelita– tiene las puertas abiertas para hacerlo. También es cierto que muchos goyim serán salvos; pero para Yahshúah eso es secundario. ¿Por quienes realmente vino Yahshúah? ¿Cuál era su verdadera misión en el mundo? Él dijo: “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Matityahu/Mateo 15:24). Así que Yahshúah vino fue a cumplir lo que estaba escrito: “Efrayim y Yahudá serán uno sólo en mi mano” (Yejezquel/Ezequiel 37:16-19). Conforme a las escrituras, el llamado de todo israelita es unirse a la casa de Yahudá y convertirse en judío, para que Israel y Yahudá vuelvan a ser un solo pueblo. También los talmidim (discípulos) de Yahshúah fueron enviados casi exclusivamente a los israelitas, por eso él les dijo: “No vayan por camino de gentiles, y no entren en ninguna ciudad de samaritanos, sino vayan a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Matityahu/Mateo 10:5-6). Así que si bien luego fueron enviados a las naciones, no fue a buscar guerim (gentiles que quisieran volverse israelitas) sino a buscar israelitas gentilizados que quisieran volver a sus raíces hebreas. Aunque que en la búsqueda de israelitas gentilizados, los talmidim de Yeshúa encontraron goyim (gentiles) que se unieron al pueblo de Israel, y fueron bienvenidos.

UNA NUEVA DISPERCIÓN.

Los primeros talmidim murieron, pero la vida no les alcanzo para reunir a todos los desterrados. Como si fuera poco, los israelitas no pudieron quedarse en un solo sitio. En el año 70 de nuestra era, los romanos destruyeron el segundo Beit Hamikdash (templo santo) y los judíos fueron expulsados a distintas naciones; muchos murieron en persecuciones, guerras y crueles cautiverios, pero una gran parte de sobrevinientes se refugió en Europa. A los judíos que se establecieron en España y sus alrededores se les llamó “sefardíes” (pues Sefarad es el nombre hebreo de España), y a los que se establecieron en Alemania y sus alrededores se les llamó “asquenazíes”.

Los sefardíes y el código “eretz”.

Los judíos sefardíes hicieron negocios y prosperaron mucho; pero después de varios siglos, en la edad media, la iglesia católica inició nuevas persecuciones contra ellos, por motivos religiosos, a través de la inquisición. Para evitar la muerte, muchos sefardíes escaparon a Latinoamérica y cambiaron sus nombres hebreos por nombres españoles como Hernando, Martín, Rodrigo, Sancho, Páris y Ramiro; e inventaron apellidos con un código que secretamente los identificara con Eretz (la palabra hebrea que se refiere a la tierra de Israel) para no olvidar su procedencia. Allí nacieron la gran mayoría de los apellidos terminados en “EZ” (la primera y la ultima letra de la palabra “Eretz”). Por ejemplo: Pérez podríamos interpretarlo como “Páris de Eretz”, Sánchez “Sancho de Eretz”, y así mismo con Rodríguez, Hernández, Ramírez, Martínez, entre otros. Pero a pesar de lo brillante que era esta idea, casi todos se asimilaron entre los gentiles olvidando su procedencia hebrea; así volvió a aumentar considerablemente el número de ovejas perdidas. De modo que muchos judíos llegaron a pertenecer a la casa de Efrayim, un remanente extraviado que debe regresar a Hashem; pero sobre ellos se había profetizado: “los cautivos de Jerusalén que están en Sefarad poseerán las ciudades del Neguev” (Obadyah/Abdías 1:20).

LA SHOAH/EL HOLOCAUSTO Y EL NUEVO ESTADO DE ISRAEL.

En la década de 1940, cuando la matanza parecía haber terminado, los nazis mataron a más de seis millones de nuestros hermanos en la shoah (holocausto nazi) en Alemania y Francia, en su mayoría asquenazíes. Los nazis creían ser una raza especial llamada “aria”, cuya pureza era amenazada por la inferioridad de la raza judía; con ese pretexto, y probablemente con el fin de apoderarse de sus bienes, Adolf Hitler y sus hombres determinaron que todo judío residente de Alemania –hombres, mujeres, niños y ancianos– debía ser llevado al cautiverio, la esclavitud, el trabajo pesado, el hacinamiento, la desnutrición y finalmente los condenaron a morir en cámaras de gas, hogueras y fusilamientos. Muchos lograron escapar, y así aumentó el número de sobrevivientes refugiados en Latinoamérica, y el número de ovejas pérdidas en todas las naciones. Inmediatamente después de la shoah (holocausto) fue creado el moderno estado de Israel, con el fin de darles a los judíos un territorio propio y un Estado que los acogiera. Muchos israelitas viajaron de vuelta a Eretz Israel para formar parte de la nueva nación política, pero su número es insignificante frente al número de los que se quedaron en la diáspora (en el resto del mundo)… esto demuestra que mediante la política, el ser humano jamás logrará la total restauración del pueblo hebreo, la esperada restauración que sólo logrará el Mesías mediante el poder de Elohim y en el tiempo que Hashem escoja.

LA SITUACIÓN ACTUAL.

Este siglo XXI trajo consigo el uso masivo de la tecnología, y en la mayoría de las ciudades la información está al alcance de cualquiera que la quiera obtener. Por medio de esto Hashem está llevando la verdad a un inmenso número de personas que siempre han vivido como goyim, pero que por sus venas corre la sangre de Abraham abinu (nuestro padre), la misma sangre que fue derramada por Yeshúa, por las víctimas de la inquisición y por las víctimas de la shoah.

En los corazones de estos supuestos goyim arde una llama que ni el tiempo, ni la distancia, ni las religiones paganas han podido apagar: la llama que los llama a regresar a Hashem. Algunos son descendientes de aquellos que fueron llevados cautivos a Asiria en la caída de shomróm (Samaria); otros son descendientes de los que fueron dispersos en el año 70 tras la destrucción del segundo Beit Hamikdash (templo santo); uno que otro es hijo, nieto o bisnieto de los que sobrevivieron a la shoah; pero un gran número de los que están retornando son aquellos cuyos apellidos o los de sus abuelos demuestran que son descendientes de judíos sefardíes… entre los que están retornando abundan los Ramírez, Rodríguez, Pérez, Martínez, Sánchez, Hernández, Suarez, etc. ¡Que sean bienvenidos al redil!

¿QUIENES SON JUDÍOS?

El número de los que desean regresar se mide por cientos de miles, pero la situación no ha sido color de rosa para todos ellos. A continuación usted leerá algunas historias cuyos personajes son imaginarios, pero que expresan situaciones reales muy comunes en estos días:

MÓNICA RAMÍREZ: Mónica tiene su apellido sefardí y siente el deseo de guardar torah, pero al acercarse a una sinagoga no le permitieron pasar de la puerta, porque no tiene papeles que comprueben que es judía.

ANDRÉS GUIXAR: los abuelos del papá de Andrés eran judíos, pero su padre no guarda torah y se casó con una mujer gentil… Andrés quiere guardar torah y entrar al pacto de sus antepasados, pero el rabino de la sinagoga de sus abuelos le dijo que solo son judíos aquellos que nacieron de una madre judía, así que le enseñaron las 7 leyes noájicas, los mandamientos básicos que, según se dice, deben obedecer los gentiles.

YOHANAN LÓPEZ: Juan investigó sobre las mitzvot (mandamientos de la torah) y las está poniendo en práctica. También hace las tres oraciones diarias, la cena de shabat y guarda muchas de las tradiciones del pueblo hebreo. También se cambio su nombre a “Yohanan”, usa kipah todo el día, tiene su talit, una mesuzah en su puerta y una janukiya sobre su mesa. Pero cuando al fin se encontró con un judío llamado Benyamín, quiso entablar amistad para aprender de él, pero Benyamín le dijo: “tú no eres judío, simplemente eres un goy disfrazado, obsesionado con el judaísmo”.

MIRIAM BAT-RAJEL: María Rodríguez también cambio su nombre porque esta guardando fielmente la torah y muchas de las tradiciones judías, ella pertenecía a una comunidad mesiánica en Colombia, su país natal; pero tuvo que viajar a España por motivos laborales. Como no conocía a ningún judío en España, no encontró ninguna congregación mesiánica, pero uno de sus compañeros de trabajo le indicó donde quedaba una sinagoga ortodoxa. Miriam se las ingenió para entrar al edificio, pero cuando habló con el rabino, este le dijo que para poder ser aceptada como miembro debía firmar un documento donde renunciara a la creencia de que Yeshúa es el Mesías, porque según él el Mesías no ha venido aun y no se conoce su identidad.

NEFTALÍ BEN-ABRAHAM: Neftalí se convirtió al judaísmo de manera oficial en una sinagoga conservadora en Argentina. Pero cuando quiso casarse con una joven hija de judíos ortodoxos, la familia de ella no permitió el matrimonio argumentando que, según las leyes rabínicas más ortodoxas, nadie puede convertirse en judío a no ser que lo haga en Yerushalayim; y que por lo tanto él sigue siendo un goy.

Los ejemplos anteriores son para darle a usted una idea de lo difícil que es ser aceptado como yehudí (judío) cuando ha nacido en una familia que no guarda torah. Parece que muchos yehudim han dejado casi totalmente cerrada la puerta de entrada al pueblo de Israel, y reclaman la torah como un privilegio que sólo les pertenece a ellos y a sus hijos. ¿Pero cuál es la verdad? ¿Quiénes realmente son judíos? ¿Y qué tiene que hacer un goy para convertirse en yehudí?

En primer lugar, Hashem nunca ha cerrado la puerta para los que quieren venir a él; la Biblia está llena de casos de goyim que entraron sin ningún obstáculo; por ejemplo: unos egipcios que salieron de Mitzrayim junto a los israelitas, Rajab de Jericó en tiempos de Yahoshúa (Josué), Rut la moabita en tiempos de los jueces y muchos súbditos del imperio medo-persa en tiempos de la reina Hadasa (Ester). La torah habla de lo que tiene que hacer un goy para ser considerado como un miembro de Israel (Shemot/Éxodo 12:48). De hecho, muchos de los que son aceptados oficialmente como judíos, son descendientes de goyim que se convirtieron. La Biblia jamás dice que para que alguien sea yehudí debe haber nacido de madre judía; si alguien es hijo de un israelita con una goy, puede ser tan yehudí como el hijo de una israelita con un goy. La Biblia tampoco dice que ser judío implica creer que tal rabino es o no es el Mesías, o que alguien tenga que ir a Yerushalayim para poder convertirse. La Biblia dice que el que es judío lo es en el corazón (Romiyim/Romanos 2:29). Siempre que la biblia habla de “corazón” se refiere a lo relacionado con los sentimientos (Bereshit/Génesis 6:6), las emociones (Bereshit/Génesis 43:3), las intenciones (Bereshit/Génesis 27:41), los pensamientos (Bereshit/Génesis 17:17) y los deseos (Melajim álef/1 Reyes 8:18); así que uno es yehudí si sus sentimientos son de amor a Hashem, si sus emociones le hacen experimentar una intensa atracción por la cultura hebrea; y si sus deseos, pensamientos e intenciones son el firme propósito de obedecer la torah. Y todas estas cosas nos llevan a una sola: la obediencia a los mitzvot, porque el que ama a Hashem, su palabra ha de cumplir; si alguien siente una genuina atracción por las tradiciones, también querrá observarlas; y si alguien desea cumplir las mitzvot (preceptos) de Hashem, no le será imposible ponerlos por obra, porque sus mandamientos no son difíciles de cumplir (Yohanan álef/1 Juan 5:3). De modo, pues, que el verdadero judío es aquel que obedece todas las mitzvot que le es posible cumplir ¿y cuáles son esos mitzvot? Pues todos los 613 mandamientos que, por medio de Moshé (Moisés), Hashem entregó a Israel en el desierto. Etimológicamente el yehudí (judío) es cuya vida es un sacrificio de agradecimiento a Hashem, pues en hebreo “Yahudá” significa “agradecimiento a Yahweh” (Yah=Yahweh, Judá=alabanza, agradecimiento). ¿Y de qué forma se agradece a Hashem? ¿Cómo podemos ofrecer nuestra vida en alabanza a su nombre? No hay forma más completa de hacerlo que obedeciendo sus mandamientos.

La parábola del hijo pródigo (Luka/Lucas 15:11-32).

Una parábola muy famosa y muy mal interpretada es la del hijo pródigo. Dice que un hombre tenía dos hijos que vivían junto a él, pero el menor exigió su herencia y se fue lejos a malgastarla en fiestas, vicios y prostitutas. Después de haber gastado todo su dinero, el hijo menor se halló pobre y necesitado, apacentando cerdos, anhelando aunque fuera la comida de aquellos animales; pero ni siquiera eso podía comer. Entonces recapacitó y regresó a su padre, el cual lo recibió con los brazos abiertos, le cambió sus harapos por ropa nueva, le puso un anillo en el dedo y le hizo una fiesta de bienvenida. Pero cuando el hijo mayor se enteró de esto, se molestó mucho y despreció a su hermano en su corazón, considerando que este era indigno de regresar a casa de su padre.

Lo que Yeshúa realmente quiso enseñar es: el padre es Hashem, el hijo mayor es la casa de Yahudá, y el hijo menor es la casa de Efrayim. La casa de Efrayim se marchó lejos de Eretz (la tierra de Israel) y consigo se llevó su gran herencia cultural (el conocimiento y las costumbres de la torah) pero toda esa riqueza se perdió, y ellos terminaron apacentando la inmundicia de las naciones. Pobre y hambriento de torah, hoy Efrayim está regresando a casa de su padre Hashem; pero su hermano mayor, el judío aceptado por el Estado de Israel, se siente hijo único y no considera que el israelita gentilizado sea digno de regresar al judaísmo.

NOTA: esta lección no tiene como objetivo promover odio hacia los judíos aceptados por el Estado de Israel, ni se pretende generalizar, asegurando que todos los judíos piensen de tal forma. El objetivo es simplemente animar al hijo menor a sentirse tan judío como su hermano mayor, y a guardar torah sin importar cualquier rechazo o menosprecio de parte de cualquier persona –sea o no judía– que quiera dejarlo fuera de su herencia hebrea.

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